lunes, 3 de septiembre de 2012
los jinetes de la cocaina
"Esta riqueza se encontró en una zona desamparada por el Estado, y pese a este hallazgo, siguió olvidada, lo que dio origen a mafias parecidas a las italianas".
Al crearse estas aparecen las rivalidades entre quienes quieren controlar las zonas de las minas de esmeraldas.
"Efraín González con los esmeralderos, por ejemplo, no actuaba como bandolero sino como un jefe de seguridad. Intentaba mantener el orden. Le tocó controlar la avalancha de personas de todas partes del país que llegaron a la zona en búsqueda de esmeraldas, entrando de manera ilegal a las minas o asaltando a las personas".
El poder de estas mafias llegó a ser tan grande que a finales de los años 70 Japón empezó a producir esmeraldas sintéticas de gran calidad y muy bajos costos, poniendo en peligro la producción de esmeraldas en Colombia, en especial la que se comercializaba ilegalmente.
Sin problema alguno, contrataron a un escuadrón de sicarios, lo enviaron a Japón y sembraron el terror allí, obligándolos a desistir de la idea de seguir invirtiendo en esmeraldas sintéticas.
Eso está narrado en Verde , un color distinto para la guerra, el color de las esmeraldas
Paradójicamente, parte de la intensión de desarrollo rural de los Cuerpos de Paz en Colombia terminó en la bonanza marimbera, una economía agraria de ciclo corto que le abrió las puertas al mercado de la cocaína y la heroína en Colombia. Los voluntarios norteamericanos descubrieron las cualidades de la marihuana de la Sierra Nevada de Santa Marta y se convirtieron en traficantes menores de un negocio que posteriormente sería manejado por la mafia norteamericana con la colaboración de traficantes colombianos.
En Magdalena, Cesar y Guajira, la mafia gringa modernizó los cultivos y el negocio de la marihuana. Repartió dólares entre las altas esferas de las autoridades colombianas. Posteriormente, introdujo personal norteamericano completamente equipado que interactuaban con los marimberos2 colombianos que se encargaron de cultivar, cuidar y vender la marihuana a los gringos, quienes posteriormente la sacaban del país en aviones y barcos hacia Estados Unidos.
La bonanza también tuvo gran acogida entre los agricultores de la costa norte colombiana, pues coincidió con una fuerte crisis de los cultivos de algodón, asociada con el auge del contrabando de telas de fibras sintéticas. Para 1974, según el informe de Jose Ignacio Lara, jefe del DAS en La Guajira, el 80% de los agricultores cultivaba marihuana y los salarios de los trabajadores del campo se multiplicaban por seis3. Los cultivos se extendieron a municipios de los departamentos de Magdalena y Cesar.
VENTANILLAS SINIESTRAS
¿Existe hoy en Colombia una ventanilla siniestra? Los narcóticos de Colombia son un problema que crece día a día a nivel global por la falta de controles que debe hacer el Gobierno Colombiano en su territorio. No podemos ocultar el sol con una mano y no tener la certeza que durante toda la vida política que ha tenido Colombia, no han sido capaces nuestros gobernantes en separar sus intereses personales y dedicarse exclusivamente a hacer lo que tienen que hacer.
Colombia, además de su gran biodiversidad y multi - cultural, cuenta con una gran riqueza en minerales (oro, carbón…) pero ha sido influencia por el narcotráfico y los cultivos ilícitos y como si lo anterior fuera poco, resulta que el tráfico con el oro y otras actividades se han convertido en un medio para lavar dineros de origen ilícito y no propiamente son de origen nacional.
La imagen que se maneja en casi todos los casos de narcotráfico empieza desde la llegada de los traficantes a comprar otros países, para luego introducirlo a nuestro país de contrabando y posteriormente vendérselo al Banco de la República, haciéndolo pasar por producción nacional.
Cómo se ha dicho la hoja de coca empezó a ser un problema cuando se añadió a una serie de prácticas y facetas culturales indígenas que impedían el desarrollo, que a su vez se catalogaron como primitivas, arcaicas, retrógradas, ineficientes, sucias o antihigiénicas. En Colombia, por ejemplo, el gobierno de Mariano (Luis) Ospina Pérez (1946-1950) hace ilegal la producción de chicha para ganar un mercado potencial a favor de las empresas de cerveza. Esto no se hizo evidente con el mascar de la coca, pero era igualmente desdeñado.
Fue muy pronto, inclusive antes de la gran industrialización cocalera, que tal práctica agrícola autóctona e inofensiva se convirtiera en algo demoníaco. En 1961 la Naciones Unidas (ONU) crean la Convención Única de Drogas Narcóticas del 61 que define las substancias ilegales en el mundo (corrección a la convención pionera de la Liga de las Naciones de Paris, 1931, y preludio a la Convención de Drogas Psicotrópicas de 1971 y de la Convención en contra del Tráfico de Drogas Narcóticas y Psicotrópicas de 1988, enfocada en el crimen organizado)*, a la cual se adhieren Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia, entonces grandes productores del alcaloide. Mientras que el mercado fue dominado por los bolivianos, peruanos y ecuatorianos en sus primeras décadas, a principios de los años 80 se gestaban en Colombia una serie de circunstancias que transformarían el conflicto interno del país de carácter evidentemente sociopolítico en una guerra contra las drogas sin precedentes. Mientras la exportación de la cocaína crece y el mundo rico se hace adicto, las drogas compran armas y conciencias políticas, asesinan periodistas, ministros y escritores. Las mafias ponen en jaque al país y los carteles de Medellín y Cali se convierten en el enemigo público número uno. El gobierno responde con leyes de extradición y el ya famoso Bloque de Búsqueda. Aunque el país aspirara un aire en 1993 cuando Pablo Escobar encontrara su deceso, el emergente cartel de Cali, la mafia de los Rodríguez Orejuela, y luego el cartel del Norte del Valle, no dejarían este aire llegar muy hondo. Unos años ochenta y noventa turbulentos dejan al país como uno de los países más peligrosos del mundo y una sociedad entera ahogada en oro blanco que ya no distingue matices de gris.
Las mulas son miles de personas que cada año tratan de pasar la frontera de Colombia con el estómago lleno de la
droga. Su nombre viene de los años 70, cuando los narcotraficantes utilizaban estos animales para contrabando de
marihuana. El tráfico de cocaína a través de estos llamados correos humanos es incalculable, porque se sabe que por
una mula que se detiene, hay otras tantas que logran pasar. Para los narcotraficantes este sistema humano del
transporte de la droga es muy efectivo, porque se burla de los perros y de los sistemas de control.
El proceso es siempre igual. Los reclutadores buscan personas sin antecedentes penales para evitar riesgos en los
aeropuertos. Últimamente, en Colombia se ha encontrado mulas ancianos, deportistas, enfermos de SIDA. Los puntos
estratégicos en la cadena del narcotráfico en Colombia son: Valle del Cauca, Pereira, Armenia, Barranquilla y Bogotá
donde se observan los índices más altos del desempleo.
Los traficantes colombianos preparan a sus mulas con días de anticipación. Primero les enseñan a tragar trozos de
zanahoria, salchichas y uvas sin masticar para acostumbrar el esófago y evitar vómitos. Dos días antes de viajar la mula
tiene que suspender la ingestión de alimentos sólidos y tomar solo caldo de pollo. Más adelante se empaca la cocaína en
cápsulas de los dedos de guantes quirúrgicos, con tres capas: dos de guantes y una de papel carbón para despistar los
rayos X. Se amarran con seda dental y se sumergen en cera de abejas.
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